Monstruopedia (II): Glaistig

Estoy atrapado y frío en el pantano. / Estoy atrapado donde la vida es / abundante pero nada vive. / Una voz que conozco me habla. / De autoengaño y burla.
—Mortiis. “Marshland”

La glaistig, también conocida como la dama de verde, es una fuath (“odio” en gaélico escocés), malévolas criaturas feéricas vinculadas a cuerpos de agua de las Tierras Altas de Escocia; familia de la que también forma parte el kelpie.

El nombre glaistig viene a significar algo así como “fantasma de agua” en gaélico escocés. La apariencia de la glaistig era la de una joven de gran belleza y tez pálida, ataviada con un largo vestido verde, en lugar de piernas humanas tenía patas de cabra que se guardaba de mostrar a sus víctimas hasta que era demasiado tarde.

glaistig_by_candra
“Glaistig” by Candra is licensed under CC BY-NC 3.0

La glaistig se alimentaba de la sangre de hombres a los que atraía con su voz melodiosa o bailando, esto conduce a paralelismos con la súcubo de la tradición judeocristiana.

Como hada que era, la glaistig compartía la debilidad típica de los seres feéricos: el hierro frío. No se sabe si el carácter de “frío” aludía al hierro no trabajado en forja o si simplemente era un adjetivo poético y cualquier hierro servía para acabar con un hada. Además como una de las fuathan (plural de fuath) también era vulnerable a la luz del sol.

El lector avispado se habrá dado cuenta de que, entre la sed de sangre y la vulnerabilidad al sol, la glaistig tiene bastante de vampiro. Esto es especialmente interesante teniendo en cuenta que nuestra concepción del vampiro es bastante moderna. Antiguamente, salvando los hábitos alimenticios, el vampiro tenía más en común con lo que ahora llamaríamos zombi.

Hasta que fuera romantizado por autores del siglo XIX, el vampiro era poco más que un cadáver reanimado con sed de sangre y su conducta tendía a lo feral. La vulnerabilidad al sol brillaba (je, je) por su ausencia. Los vampiros empezaron a humanizarse con libros como Varney el vampiro (1845) de James Malcolm Rymer y Carmilla (1871) de Joseph Sheridan Le Fanu (Carmilla, por cierto, era un personaje bastante transgresor, pues ademas de vampiresa era lesbiana). Tradición que continuó hasta nuestros días, o más bien se exageró, con la saga Crónicas Vampíricas de Anne Rice.

No sería inverosímil suponer que el vampiro moderno ha tomado prestado características de seres feéricos como la glaistig, aunque la vulnerabilidad al sol es común a otras criaturas de naturaleza malvada.

Por otro lado, las glaistigs no siempre eran malvadas. Algo bastante propio de las hadas es su dualidad, pueden ser tan bondadosas como dañinas. Y sus travesuras y bromas pueden pasar de lo inofensivo a lo fatal con facilidad.

En algunas aldeas celtas, las glaistigs eran tenidas como espíritus tutelares que mantenían al ganado sano y fértil. Los aldeanos, en agradecimiento, vertían leche en los troncos huecos de los árboles a modo de tributo.

Aunque hay al menos una historia en la que una glaistig retiró su protección a una aldea pues la leche que se le ofrendó estaba demasiado caliente y ésta quemó sus labios.

En la actualidad, hay bastantes leyendas de damas de verde en Escocia que encantan castillos y edificios antiguos. No obstante, estas damas de verde son fantasmas más al uso. Mujeres que fueron asesinadas y cuyos espíritus vagan aún por nuestro mundo, ancladas por su deseo de venganza.

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