Monstruopedia (V): Súcubo e Íncubo

Ella ha venido de las sombras del mundo de los sueños.
Un ángel oscuro del lado más oscuro del amor.
A través de un mar de lágrimas.
Cien mil años.
Ve con ella y baila a la luz de la luna.
—Inkubus Sukkubus. “Heart of Lilith”

La quinta entrada de la Monstruopedia es un poco más picante de lo habitual. El monstruo que nos ocupa esta vez es el súcubo, una demonesa de la lujuria, y su contrapartida masculina, el íncubo.

“Painterly Demoness” by Sabtastic is licensed under CC BY-NC 3.0

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Súcubo tenía el significado en sus raíces latinas de “yacer debajo” mientras que íncubo significaba “yacer arriba”, es de suponer que los nombres sean sólo eso y que estos demonios no se vieran limitados únicamente a las posturas que denotan sus nombres.

Los súcubos e íncubos se alimentan de la energía vital de los humanos que extraen durante el acto sexual. Encuentros continuados con íncubos y súcubos suponían un deterioro de salud para las víctimas hasta acabar en la muerte.

Como seres del infierno que son gustan de corromper a los virtuosos, una de las presas favoritas de los súcubos eran los monjes, pues al hacerlos incumplir el voto de celibato los alejaban de Dios. Los íncubos, por su parte, tenían predilección por las jóvenes vírgenes que al tener sexo prematrimonial quedaban de este modo “estropeadas” para futuros pretendientes (hay que entender que al ser criaturas del imaginario medieval representan los valores de esa época).

Una súcubo podía disfrazarse de la mujer perfecta según los gustos de su víctima, pudiendo presentarse como una tímida jovencita o una voluptuosa y experimentada mujer. El íncubo tenía similares dotes de subterfugio preternatural. En sus formas reales, los súcubos e íncubos aunque seguían gozando de belleza ultraterrena tenían rasgos antinaturales que delataban su condición inhumana: patas de cabra o de pájaro, cuernos, cola, alas (súcubos e íncubos al ser demonios bien podían ser ángeles caídos), seis dedos en cada mano, etcétera.

“60s pin-up turned demon lady” by Sabtastic is licensed under CC BY-NC 3.0

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Aún disfrazados de bellos mortales, a los súcubos e íncubos los delataban sus genitales inusitadamente fríos hasta el punto de la gelidez pese a estar en estado de excitación. Algunas historias dicen que los súcubos obligaban a los varones a hacerles cunnilingus, presumiblemente sus vaginas segregaban una bilis o limo que hacía de la experiencia algo repugnante y nada placentero.

Según el Malleus Maleficarum (o “Martillo de las Brujas”), escrito por el inquisidor alemán del siglo XV Heinrich Kramer, los súcubos  recolectaban el semen de los varones que luego los íncubos usaban para fecundar mujeres mortales. Cómo pasaban los súcubos el semen de hombres mortales a los íncubos es algo que los escritos de la época no se molestan en describir, ¿tenían a su vez los súcubos sexo con los íncubos? La respuesta a esta pregunta queda a manos de la perversa imaginación del lector.

“Incubus” by iPeccatore is licensed under CC BY-NC 3.0

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Si un íncubo fecundaba con éxito a una mujer mortal el resultado de esta sacrílega unión era un cambion, o medio demonio, éstos nacían como bebés de aspecto monstruoso o bien eran más susceptibles al influjo de lo sobrenatural. El mago Merlín (sí, el de la corte del Rey Arturo) era un cambion, hijo de una mujer mortal y un íncubo.

De acuerdo al Zohar (en hebreo “esplendor”), libro central de la corriente cabalista, y los manuscritos de ben Sira, el primer súcubo fue Lilith. Una esposa de Adán, anterior a Eva, que eligió no someterse a su esposo y abandonar el Edén por iniciativa propia. Lilith terminó por transformarse en una poderosa demonesa capaz de engendrar su propia prole monstruosa al yacer con hombres mortales, las Lilim (o hijas de Lilith, que eran una suerte de vampiresas súcubos).

Además de la propia represión sexual de la Edad Media (más allá de fines reproductivos), el origen de súcubos e íncubos puede deberse a una condición conocida como parálisis del sueño que unida a la excitación nocturna tenía todos los ingredientes para confeccionar el ataque de un súcubo o íncubo.

Será porque el sexo vende, pero el súcubo es uno de los monstruos que más ha aparecido en la ficción.  El íncubo no tanto, no obstante.

En la película de terror Jennifer’s body (2009), Megan Fox interpreta a una chica que acaba convirtiéndose en súcubo al ser sacrificada ritualmente sin ser virgen. Cómo unos adoradores del Demonio pudieron creer que el personaje de Megan Fox era virgen es un misterio.

La icónica Morrigan Aensland del juego de lucha de Capcom Darkstalkers es una súcubo.

En la serie canadiense de fantasía urbana Lost Girl, la protagonista, Bo, es una súcubo.

En los videojuegos de la saga Castlevania, los súcubos son enemigos recurrentes.

En el cómic japonés Berserk, aparece un íncubo. Aunque lejos de presentarse como un atractivo hombre, en el universo de este manga los íncubos son repugnantes criaturas tentaculares con un solo ojo que causan pesadillas a victimas durmientes y se alimentan de la angustia que hacen padecer.

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