Monstruopedia (VII): Nuckelavee

Sólo quiero morir en el mar. / Una virgen vestida con el agua. / Mis ojos son rajados, mis labios son embarrados, / cayendo bajo el agua. / El mar es un animal en la orilla, / derritiéndose desde dentro.
—Untoten. “Die out by the sea”.

“Nuckelavee” by HypnoHawk is licensed under CC BY-NC 3.0

“Nuckelavee” by HypnoHawk is licensed under CC BY-NC 3.0

En esta nueva entrada de la Monstruopedia viajaremos hasta las islas Orcadas, un archipiélago situado en el norte de Escocia. En las profundidades del océano, encerrado en una prisión salada, se encuentra la criatura conocida como Nuckelavee.

Gracias a los esfuerzos de la Madre del Mar, deidad protectora de los pescadores, el Nuckelavee está confinado en el océano durante todo el verano. Sin embargo, mantener a esta criatura aprisionada tanto tiempo es extenuante. Pasados los meses de calor, el Nuckelavee escapa de su prisión; trayendo la ruina a las aldeas de los pobres pictos de las islas Orcadas.

La apariencia del Nuckelavee presenta algunas variaciones de un relato a otro, pero siempre es grotesca: un caballo desollado de cuyo lomo brota un torso humano, igualmente sin piel, de modo que parece la macabra fusión de un jinete con su montura. La versión gore de un centauro si se prefiere.
Algunas historias señalan que la cabeza del caballo tiene un sólo ojo, otras que la cabeza ciclópea es la humana, o que son ambas las que tienen un único ojo, e incluso hay referencias a la cabeza del “jinete” acabando en un hocico; como si estuviera a medio camino de hombre y caballo. Asimismo, los extremos de sus patas eran una mezcla de aleta y pezuña.

Pese a surgir del mar, el Nuckelavee no pertenece a las filas de las fuathan  —como el también equino kelpie— sino que pertenece a otro grupo de hadas: los bogies. Un bogie (palabra raíz del término moderno «boogeyman», “hombre del saco”) se caracterizaba por su naturaleza embaucadora y su gusto por hacer la vida imposible a los humanos; además, eran la excepción a la regla sobre la dualidad de las hadas. Los bogies eran siempre malvados.

Poca duda cabe de que el Nuckelavee era el bogie más terrible de todos. De su hocico emanaba un vapor venenoso que hacía enfermar al ganado y echaba a perder los cultivos. El Nuckelavee se asociaba con el invierno y la hambruna lo que dibuja fuertes paralelismos entre este ser feérico y el Wendigo del fólclore nativo americano.

En adición de ser un heraldo de la época de las vacas flacas, el Nuckelavee arrastraba a humanos al mar para luego comérselos. Tenía los brazos tan largos que el “jinete” no tenía que doblarse para agarrar a una víctima.

Algo sumamente curioso es la debilidad del Nuckelavee, que sorprende aún más por su naturaleza oceánica: era incapaz de tolerar el agua corriente de los ríos, no podía atravesarlos. Debilidad que comparte con los vampiros de las leyendas más tradicionales (y si contamos la literatura de fantasía, los Nazgul de El Señor de los Anillos tampoco eran muy amigos de los ríos).

El Nuckelavee parece haber sido una leyenda importada de los hombres del norte, los vikingos (los noruegos arrebataron las islas Orcadas a los pictos en el siglo IX d.C.). Algunos eruditos señalan que la leyenda del Nuckelavee se originó de los nokken, una especie de tritones (contrapartida masculina de las sirenas) que podían transformarse en caballos y seducían a las jóvenes. Los vikingos bien podrían haber mezclado al nokk de su propio folclore con el kelpie celta, creando una criatura que daba bastante más miedo que las otras dos juntas.

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