Fancine 2015 (I): Zatoichi

—¿No vas a apostar?
—Sólo observo, por ahora.
—¿Obervar? ¡Pero si eres ciego!

Comienzo el Fancine 2015 con una película japonesa, Zatoichi (2003). Aún no la había visto y al verla en la programación me dije «¿Por qué no?».

Zatoichi está protagonizada por el camaleónico Takeshi Kitano, al que ya conocía por ser el malvado profesor de Battle Royale (2000). En el film que ahora nos ocupa también dirige y guioniza.

Zatoichi-2003_1
Póster de la película

El protagonista de la historia es un espadachín ciego llamado Ichi, al que durante el transcurso del film normalmente se refieren como masajista, pues así se presenta. Obviamente, siendo esta una película de samuráis lo vemos dar más espadazos que masajes. No os preocupéis.

La historia que se nos cuenta en Zatoichi es la siguiente:
En una ciudad del japón feudal hay tres bandas criminales que hacen la vida imposible a los pobres campesinos, pasando a recoger el impuesto de protección día a día a quienes apenas tienen para comer.
Uno de estos campesinos es la señora Oume con la que Ichi traba amistad en su paso por la ciudad. También hace buenas migas con el sobrino de ésta, Shinkichi, un adicto al juego.
El precario equilibrio que hay en la ciudad empieza cuando el jefe del crimen Ginzo se asocia con otro mafioso, Ogi, y además contrata como guardaespaldas a un peligroso ronin llamado Hattori Genosuke (interpretado por Tadanobu Asano). Con el apoyo de ambos Ginzo está eliminando a la competencia, haciéndose con el control total de la ciudad, algo que no augura nada bueno para los campesinos, ¿podrá un espadachín ciego como Ichi limpiar la ciudad del crimen que la está destruyendo?
Para complicar más las cosas, un par de hermanas geishas entran en escena, y éstas parecen tener una cuenta que saldar con el submundo criminal de la ciudad.
Y hasta aquí puedo contar sin incurrir en spoilers.

Ahora paso a deciros mi valoración de la película, procurando revelar lo menos posible. A rasgos grandes la película me ha gustado y he pasado un rato entretenido viéndola. La dirección de Kitano es buena y los planos del film son efectivos.
La coreografía de las luchas son excelentes —la sangre generada por ordenador algo desfasada, eso sí—  y hay grandes dosis de humor (algo que no será nuevo para los aficionados a las pelis de Jackie Chan, por ejemplo), tanto por los personajes mismos —diálogos— como por algunos detalles de las propias peleas: un bandido que raja al compañero que tiene al lado al ser descuidado en el desenvainado de su espada, Ichi mutilando la mano de alguien que trata de timarlo en un juego de dados, etcétera. El humor del film se origina de la exageración y el ridículo.

El peso de la parte cómica del film recae sobre todo en los hombros del actor Taka Guadalcanal (con ese apellido parece medio andaluz, ¿o no?) que interpreta a Shinkichi, un personaje secundario con problemas de ludopatía y algo torpe. Destaco sobre todo una de sus escenas en las que entrena en «el arte de la espada» a algunos jóvenes. Después de recibir muchos palos concentrados en la cabeza, Shinkichi reprende los jóvenes por hacerlo mal. No deben atacar a la vez sino uno a uno. Me pareció una buena forma de ironizar sobre el cine de acción, al que la propia Zatoichi pertenece. Bravo.

Takeshi Kitano dota de carisma al masajista Ichi. Es un personaje humilde, jovial y amable. Alguien que prefiere escuchar a los demás a hablar él. Cae bien al espectador. Por otro lado, cuando quiera que aparezcan los malos se revela como alguien astuto y por supuesto como un hábil espadachín. Sí, sé que un espadachín ciego suena tan poco plausible como un pintor ciego pero hay que tomarlo como la «magia» del film, la parte de fantasía.

Zatoichi no está exento de cosas bastante mejorables. Yo le veo dos grandes defectos:

Primero, hay un tramo —más o menos a la mitad— con varios flashbacks y en ninguno se nos da información nueva. Entre ellos tenemos un flashback de las hermanas geishas que no aporta nada a la historia (anteriormente, sí hay un flashback de estos dos personajes que resulta relevante) y otro en el que Ichi lucha contra varios espadachines a la vez y demuestra lo «badass» que es… igual que en la primera escena de la película.
Estos saltos al pasado inútiles hacen resentir el ritmo del film. Siendo este un problema de montaje, habría tenido la fácil solución de recortar —tal cual— esas escenas inservibles.

Segundo defecto, más grave: algunos personajes no están tan bien aprovechados como podrían estarlo. El masajista Ichi pese a ser el protagonista es un personaje bastante plano, tal vez en el cine de acción los arcos de transformación no sean tan necesarios pero a mí me gusta que estén. El ronin, como personaje, es un villano trágico pero apenas se le da juego salvo para que no dé un poco de lástima al final.

Además, y ahora me pongo el gorro de guionista, Ichi no sufre el momento de «todo está perdido» tan característico de los terceros actos que todas las pelis deben tener. Ese momento lo sufren las gemelas geishas, que si bien son personajes importantes no son las protagonistas, es el héroe quien debe sufrir en el tercer acto para que haya catarsis en el clímax.
Por poner un ejemplo conocido de lo que estoy hablando: en la película de El Cuervo (1994), su protagonista es un resucitado con el poder de la inmortalidad que ha vuelto para vengarse de los que lo mataron a él y a su novia. En el tercer acto de esta película, el protagonista pierde su inmortalidad y se vuelve vulnerable a todo lo que antes no podía matarlo. De golpe y porrazo, ha perdido su gran ventaja y una simple bala puede acabar con él.

En Zatoichi no existe tal momento. El masajista se mantiene como una máquina de matar de principio a fin. Sin parecer nunca que va a perder. Incluso cuando se enfrenta al temible ronin Hattori Genosuke, que se nos ha anticipado durante toda la película como el único que puede toserle a nuestro héroe, el enfrentamiento se resuelve de forma bastante anti-climática.

Zatoichi-prepares-for-battle
El masajista se enfrenta al ronin

Dicho esto, pese a estos dos fallos importantes, Zatoichi resulta una película divertida que, pese a haber podido ser mucho mejor, entretendrá al espectador de forma razonable.

El tema que hay detrás de la historia que es «las apariencias engañan» está muy bien trabajado a lo largo del film. Sin duda, uno de los puntos fuertes de la película. En esa línea hay algunos giros de guión cerca del final, que no resultan tramposos y llamaron mi atención.

En definitiva una película recomendable, sobre todo para los aficionados al cine de acción o de samuráis. Si bien está lejos de ser una obra maestra.

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