Fancine 2015 (II): Landmine goes click

Tienes que traérmelas [las bragas] como un perro. ¿Entiendes? Guau, guau, como un perro. (…) ¿Tienen manos los perros? ¡No! Los perros no tienen manos.

La segunda película que vi en el Fancine, una experiencia algo decepcionante en más de un sentido. Pero no adelantemos acontecimientos. Como dijo Jack el destripador: «Vayamos por partes.»

Landmine-Goes-Click-movie-poster
Póster de la película

Landmine goes click (2015) es una película de terror georgiana. La premisa es simple: tres amigos norteamericanos están de turismo por las montañas de Georgia —el país europeo, no el estado de Norte América; hace frontera con Rusia—, antes de que dos de ellos se casen. El tercero es el mejor amigo del futuro novio y será el padrino de la boda; sí, el pobre está sujetando una vela del tamaño de la torre de Babel.
Cuando el novio de la chica se entera de que, en un desliz, ésta le puso los cuernos con su mejor amigo no se lo toma demasiado bien. Una situación ya de por sí tensa se vuelve un tanto más peliaguda cuando el sujetavelas y ponedor de cornamentas pisa una mina anti-persona y no puede levantar el pie sin convertirse en lasaña. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, un tipo de la zona pone su granito de arena para hacer la experiencia todavía más infernal… y hasta aquí puedo contar sin incurrir en spoilers.

Vamos a empezar diciendo cosas que la película hace bien. La localización es preciosa (quizá no muy aprovechada), casi entiendes el porqué de que los personajes hayan elegido ese destino para su viaje. No obstante, si me preguntas a mí, no sé por qué  sigue habiendo gente que en las películas de terror sigue yendo al este de Europa de vacaciones. ¿Es que nadie ha visto Hostel (2005)?

La película no pierde el tiempo en pasar a la acción. En unas pocas escenas, el film te muestra quienes son los tres turistas norteamericanos y que relación tienen entre ellos. ¡Bien! Eso me gusta un montón, por desgracia no continua esto con lo segundo que más me gusta en un guión: mostrar la personalidad de los personajes a través de sus diálogos.

Lo que me lleva al gran problema de Landmine goes click, todo es muy formulaico. La trama va avanzando a un ritmo más o menos aceptable (salvo cuando no lo hace debido a otro problema que explicaré más adelante), sí,  y, aún con todo, al acabar la película y rememorarla no sabría explicar cómo son los personajes. Los turistas se ven sufriendo y dicen las cosas que alguien que está pasándolo mal diría, pero no tienen vida, el sádico nativo dice las cosas que diría un sádico, y tampoco tiene vida.
De hecho, en el caso del antagonista es peor, lo que me lleva al segundo problema que lastra el disfrute de este film. No me cabe duda que si viviéramos lo que los turistas de esta película viven sería una experiencia espantosa. Pero como en una película nosotros no somos los que sufren directamente un film debe ir más allá. El malo resulta demasiado realista en el mal sentido de la palabra.

«¿Pero que está diciendo este loco?», os estaréis preguntando, «¿Acaso el realismo no es algo bueno en una película de terror?»
No, no lo es. No el tipo de realismo al que me refiero. El sádico nativo de Landmine goes click (interpretado por Kote Tolordava) carece del carisma que tienen a raudales otros malvados, por ejemplo, Joffrey Baratheon (Jack Gleeson) en la serie Juego de Tronos o el Joker de Heath Ledger (El Caballero Oscuro, 2008). Un villano no tiene simplemente que ser alguien despreciable, hay que ir a más. Debe ser alguien a quien te encante odiar, que sea entretenido de ver haciendo maldades que serían horribles de ver en un noticiario en el mundo real.
El malo de Landmine goes click, no es nada de eso. Es muy pesado, dice lo mismo una y otra vez. Como me imagino que actuaría un perturbado en la vida real que somete a actos cada vez más vejatorios a sus victimas. Estaba viéndolo divagar durante el film y pensé: «Cielos, es un testigo de Jehová maligno. No se calla nunca.»

En el guión de una película los diálogos sólo han de parecer plausibles —que no realistas—, todo buen periodista sabe que si se transcribiera literalmente lo que dice un entrevistado, éste parecería un idiota balbuceante (ya puede ser un Premio Nobel de la Física). En una película ocurre lo mismo, si pones a tus personajes a hablar como en la vida real parecen idiotas.

Landmine goes click da la sensación de ser una obra de teatro improvisado. Las escenas se alargan un poco más de lo debido y parece que los actores rellenan metraje yéndose por las ramas. Diría que una película como esta funciona mejor como cortometraje pero sería falso, dos largometrajes que prácticamente se desarrollan en un sólo escenario y tienen una situación tensa y claustrofóbica por argumento están entre mis favoritas de todos los tiempos: Reservoir Dogs (1992) y Cube (1997). Ambas películas dotan de personalidades diferenciadas a cada uno de sus personajes y Landmine goes click tiene un elenco más reducido que las otras dos, así que, ¿cuál es su excusa?

Destaco como positivo el papel del actor Sterling Knight que da vida a Chris (a.k.a. el sujeta velas) sobre todo en el tramo final del film, es su buena interpretación la que más o menos salva un final que se ve venir a kilómetros de distancia y que no resulta tan satisfactorio como debiera. La actriz Spencer Locke resulta adecuada como Alicia, la sufridora principal de casi todas las vejaciones que aparecen en pantalla, aunque su personaje está desaprovechado para lo que podría haber sido. Spencer Locke era la única que me sonaba del reparto (aunque fuera por la nefasta Resident Evil: Extinción, 2007).
Por desgracia el antagonista es penoso, algo imperdonable.

Alicia_(Spencer Locke)_The_landmine_goes_click
Alicia apunto de verse en un aprieto más grave que quedarse sin novio

Si el objetivo de la película es hacer pasar un mal rato al espectador, eso sí que lo consigue. Lástima que no pueda ser un mejor film e incluso dentro de su subgénero, el torture porn, resulta anodina. Una historia como la que se cuenta en Landmine goes click debería ser mucho, mucho más visceral (cuando se quiere poner cruda ya es tarde). En ese aspecto le falta garra.

No es lo peor que he visto pero no la recomiendo.

***

¡Ah! Casi se me olvida comentar algo. La proyección de la película empezó a fallar al llegar al clímax, sin que la gente del cine Albéniz pudieran resolver el desperfecto. Tuve que ver el final de la película en Internet.
Eso sí, nos dieron una invitación canjeable por una entrada para la película que quisiéramos del festival. Algo no muy útil para alguien que ya ha comprado once entradas para once películas diferentes. ¿Qué se le va a hacer? Shit happens.

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