Hablemos de terror (IV): Zombis, 2ª parte

Nunca me canso de los zombis, sólo me canso de los productores.
—George A. Romero

Bienvenidos una vez más, queridos lectores. Si en la primera parte de este artículo pasábamos revista a los puntos álgidos de la ficción zombi, los dos amaneceres de los muertos vivientes, ahora veremos, entre otras cosas, sus momentos menos estelares, o si se prefiere, el ocaso de los muertos vivientes. No todo es malo, pero es el comienzo de una nueva era para bien y para mal. Así que llenad vuestras mochilas de provisiones y recargad vuestras armas porque comienza la segunda parte del artículo sobre zombis:

Los zombis son un recurso narrativo y no personajes, la buena ficción zombi se da cuenta de esto y busca una fuerza antagónica entre los propios supervivientes (tensión interna) o un grupo o personaje exterior, hostil y agresivo… pero humano (tensión externa): bandidos, dictadores apocalípticos, fanáticos religiosos o los recurridos militares.

Fijaos como si no los malos más celebrados de la ficción zombi no son muertos vivientes: los militares de 28 días después (2002), el gobernador del cómic The Walking Dead y luego adaptado a la serie, el padre Isidro en Los Caminantes; mientras que en la miniserie británica Dead Set tenemos un ejemplo de tensión interna, el malo está entre los supervivientes, en el personaje del productor: Patrick. Y así un largo etcétera.

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El Gobernador de The Walking Dead, en la serie y en el cómic.

Sin un antagonista humano lo suficientemente peligroso se corre el riesgo de que el apocalipsis zombi sea una fantasía, algo deseable. A fin de cuentas, pensadlo bien: una epidemia zombi rompe el status quo con una contundencia demoledora. Problemas como llegar a fin de mes, discutir con la pareja o el desempleo se vuelven banales. Los que antes eran insignificantes ahora tienen oportunidad de convertirse en héroes, los que llevaban vida monótonas van a tener de todo menos aburrimiento… creo que os hacéis a la idea.
Esto rompe con el sustrato y moraleja de la ficción zombi heredada del cine de Romero y acerca las obras más al pulp y a la literatura de escapismo. Algo que no tiene por qué ser malo si es intencionado por parte del autor y el consumidor sabe lo que tiene delante de sí.

De hecho, puede ser positivo en el género híbrido de la comedia de terror; sirva de ejemplo Shaun of the Dead (2004, que tiene el horrible título de Zombies Party en España); ¡gracias al apocalipsis zombi el protagonista salva su relación amorosa! Y funciona.

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Por desgracia, incluso en el terreno gamberro de la comedia de terror no todo vale. Y el cadáver purulento del zombi se ha abotargado a causa de su éxito. Algunas editoriales y productoras han querido explotar al máximo la gallina de los huevos de oro sacando obras de dudosa calidad y esperando rentabilidad sólo por añadir muertos vivientes a tramas insípidas o, en un alarde de escasa imaginación, poner zombis en clásicos de la literatura. Editoriales y productoras que, ojo, tienen buenos libros y films del género Z pero que, a fin de cuentas, son negocios y buscan primero el beneficio y segundo la calidad.

Es interesante ver como la ficción zombi se está moviendo de nuevo hacia el zombi con intelecto y personalidad, es decir, el regresado. Justo el tipo de zombi que tuvimos desde los años 30 hasta que George A. Romero nos trajo el apocalipsis zombi y las hordas de muertos vivientes, la pandemia. Tenemos, por ejemplo, la novela Warm Bodies adaptada luego a película que se subió al carro del romance sobrenatural después del éxito de Crepúsculo, cambiando al vampiro sexy por, ¿lo adivináis?, un zombi sexy (me imagino que no estará muy podrido, por no hablar de ser lo bastante mágico como para no ser un pozo de ETS).

Estos nuevos zombis están humanizados hasta tal punto que a menudo son los héroes de la historia como ocurre en el cómic iZombie y su adaptación televisiva, donde además la heroína zombi tiene un poder sobrenatural que la hace una colaboradora valiosa para la policía. Hablamos entonces de thriller sobrenatural, un género que da mucho juego. Emulando al noir contamos en la escena española con los libros de Tom Z. Stone escritos por J. E. Álamo sobre las pesquisas del personaje epónimo: un detective privado aquejado de una zombificación crónica.

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Los cerebros son el pilar de una dieta sana y nutritiva.

Como no podía ser de otra manera, los zombis inteligentes, o regresados como me gusta llamarlos a mí, son bastante populares en la ficción juvenil (young adult). Ahí está la saga Living Dead Love Story de Rusty Fischer. Como ocurría en Warm Bodies, en ella hay zombis buenos y zombis malos.

Gusten más o menos estas obras del ocaso zombi, me resulta llamativo que hayan vuelto los regresados. Y es que en el arte no se innova sino que va por ciclos, como ya sabrán los que hayan leído sobre corrientes artísticas. Por el momento en la oferta de entretenimiento conviven ambos tipos de zombi, ¿quién sabe lo que deparará el futuro?

¡Nos leemos adictos al terror!

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3 comentarios en “Hablemos de terror (IV): Zombis, 2ª parte

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