Literatura de terror (IV): Creepypasta

Necesitamos historias de fantasmas porque nosotros somos, de hecho, los fantasmas.
—Stephen King, Danza macabra

Los Creepypastas son todo un fenómeno de terror en Internet. Historias de miedo que se copian una y otra vez a través de páginas web y foros, las historias más populares se extienden como la pólvora; su número de lectores crece de forma exponencial con cada nueva copia.

El neologismo Creepypasta viene de la composición de «creepy» (siniestro) y «copy/paste» (copiar/pegar). En un principio eran narraciones muy cortas, en su mayoría microrelatos, y de autor anónimo. Con el paso del tiempo evolucionaron en relatos cortos con miles de palabras y sus autores dejaron de ser anónimos, presentándose con seudónimos o incluso sus nombres reales.

Como en las historias de terror tradicionales encontramos los argumentos clásicos del género como casas encantadas, asesinos en serie, monstruos que acechan en la oscuridad, etcétera.
Pese a lo anterior, en conjunto los Creepypastas tienen su propia identidad. Añaden al imaginario del terror un gusto por la cultura popular, deformando en algo siniestro lo que era inocente, además de una carencia de intención por parte de los diversos autores de presentar las obras como ficción, difuminando la línea entre ficción y realidad. La clave es que una historia esté bien falseada para que parezca auténtica.

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You can’t run from Slenderman por Jazza bajo licencia Creative Commons 3.0

Los Creppypastas sobre copias piratas «bootleg» (esto es, copias de contrabando que imitan el producto original), versiones no oficiales o incluso cartuchos malditos de videojuegos que añaden contenido perturbador a la experiencia, así como los que versan sobre supuestos episodios perdidos de series animadas (como los Simpsons o Bob Esponja) son ejemplos de esa corrupción de lo inocente. Uno de los más conocidos en esta categoría de Creepypasta es El suicidio de Mickey Mouse.

Respecto a historias falseadas encontramos testimonios de encuentros con entes sobrenaturales como Slenderman (el hombre delgado) o los B.E.K. (acrónimo de black eyed kids, «niños de ojos negros»), así como instrucciones de cómo preparar rituales de brujería. Estos últimos resultan interesantes en tanto que son ejemplos de Creepypastas de no ficción. Ojo, antes de que enarquéis vuestras colectivas cejas en escepticismo; no quiero decir que los rituales sean reales, con no ficción me refiero al formato y estilo de escritura ya que están escritos a modo de recetas o ensayos. Uno de los más famosos en esta categoría de Creepypasta es el Juego del escondite de una persona.

No puedo enfatizar bastante que el rasgo más definitorio de los Creepypastas es esa pretensión de veracidad. Por este motivo otros dos temas recurrentes en estas narraciones de terror  son experimentos científicos de dudosa ciencia pero segura crueldad (v.g.: obsesión por los gemelos del dr. Josef Mengele, MK Ultra…) y la Deep Web; la «Internet Profunda» esa parte de Internet de difícil acceso donde puedes hacer cosas tan normales como, qué se yo, contratar a un sicario para que mate a tu jefe o compartir videos snuff (torturas y ejecuciones reales).
Por desgracia, tanto en lo referente a experimentos crueles como a lo del lado oscuro de Internet, el sustrato del cual los Creepypastas pueden extraer ideas para tejer sus historias es casi infinito.

A menudo están narrados en primera persona, para dar esa sensación de que el narrador existe en lugar de ser un personaje de ficción. Añadiendo a eso el rechazo generalizado a usar criaturas de sobra conocidas (i.e.: hombres lobo, vampiros…), estas narraciones recuerdan un poco a Lovecraft.
Los que prefieran la tercera persona no han de preocuparse, hay Creepypastas para todos los gustos. Los hay incluso con una voz en segunda persona (dirigiéndose directamente al lector), eso sí, estos últimos no los recomiendo mucho. En mi experiencia la segunda persona sólo funciona en raras ocasiones y que la historia parezca escrita por un niño pequeño es un riesgo enorme.

Por supuesto, no es oro todo lo que reluce (¿alguna vez lo es?) y habiendo tantas historias circulando por la red de redes, muchas de ellas son… ¿cómo decirlo suavemente? Una mierda. La ley de Sturgeon se aplica con rigor: «el 90% de cualquier género literario (o arte en general) es basura», sostenía el escritor de ciencia ficción Theodore Sturgeon. Lo mismo ocurre con la literatura comercial, claro, pero con los Creepypastas este problema se acentúa.

La accesibilidad de estas historias son al mismo tiempo su mayor debilidad y su mayor fortaleza. Escribir una novela de terror es una tarea ardua que lleva mucho tiempo, casi tanto el escribirla como el verla publicada, mientras que un Creepypasta al ser un relato corto se termina mucho antes y su “publicación” es tan sencilla como encontrar un sitio en Internet dónde subirla (i.e.: un foro o un blog). Esto hace que la oferta sea muy grande pero al mismo tiempo provoca que haya pocos controles de calidad; sin embargo, a día de hoy la wiki de Creepypastas tiene un artículo con consejos sobre cómo escribir una buena historia de terror y elimina periódicamente las historias de peor calidad.

Algo que encuentro fascinante de los Creepypastas es la naturaleza multimedia de este fenómeno que se sirve de imágenes, música y videos. La infame historia Jeff the killer (Jeff el asesino); una historia de terror mal escrita, risible incluso,  ha ganado una fama inmerecida gracias en no poca parte a la imagen que acompañaba al relato. La imagen también está sobrevalorada pero eso es otro tema…

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La imagen de Jeff the killer en toda su tosca gloria.

Eso sí; cuando las historias son buenas, son BUENAS con mayúsculas. Más de una vez he leído un Creepypasta y he pensado: «Caray, ojalá se me hubiera ocurrido esto a mí antes». El uso de recursos multimedia cuando están al servicio de una buena historia de terror resulta genial, una experiencia  de terror interactiva. El ya mencionado Slenderman empezó como una serie de fotos editadas en el foro de Internet Something Awful para luego dar paso a historias, webseries y videojuegos.

Ahí radica el enorme potencial de los Creepypastas es un terror hecho por aficionados para los aficionados y todos pueden colaborar de una manera u otra: ya sea escribiendo, dibujando, manipulando fotos, grabando videos… un Creepypasta de éxito es el matrimonio entre la historia de terror y la publicidad viral. Una publicidad creada y luego viralizada por la propia audiencia.

En YouTube podéis encontrar canales de lecturas de Creepypastas siendo a todos los efectos audiolibros. La mayoría son bastante amateur pero canales como Chilling Tales for Dark Nights se curran efectos de sonido y diferentes voces consiguiendo un acabado bastante profesional. Si tenéis buen oído para el inglés os recomiendo que lo visitéis.

De forma interesante, algunos aficionados crean videos o editan archivos de videojuegos para materializar lo que antes sólo estaba descrito en historias de terror, haciendo más difusa la línea que separa ficción de realidad. Es la audiencia poniendo su granito de arena para asustarse a sí misma… ¡me encanta!
De hecho, en algunos foros donde se publican estas historias de miedo se anima a que los usuarios escriban comentarios siguiendo la corriente al autor original pretendiendo que lo narrado es real; convirtiendo el Creepypasta en una suerte de juego de rol.

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Una comedia puede hacerte reír a pesar de ti mismo pero una historia de terror requiere en su audiencia la disposición de querer asustarse para ser efectiva. Los Creepypastas son la prueba de ello, ¡y de qué manera!

Y con esto despido el artículo; admito que sólo he arañado la superficie del fenómeno Creepypasta  ya que no he querido entrar en muchos detalles específicos sino más bien picar la curiosidad de aquellos que supieran poco o nada del tema. Espero que os haya gustado la entrada.

Tal vez suba al blog alguna que otra traducción de Creepypastas notables si hay suficientes interesados entre los lectores. ¡Hasta la próxima, adictos al escalofrío!

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10 comentarios en “Literatura de terror (IV): Creepypasta

  1. Me mola la ley de Sturgeon!!!, la verdad, no sabía nada de éste fenómeno hasta que lo vi un día en el progrma de Iker Jiménez y me llamó bastante la atención y al ver ahora el enlace de cómo escribirlos , que tampoco conocía, compruebo que es bastante más difícil de lo que parece aunque la verdad creo que me da más miedito la madre de Paco león que cualquier historia de éstas. Muy buena entrda!!!, Hay que convocar un concurso de creepypasta

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    1. Sturgeon hizo esa “ley” a modo de respuesta a los críticos que decían que la mayoría de la ciencia ficción era basura. La mayoría de todo suele ser basura o mediocre, incluso en los géneros “serios” pero se tiene prejuicios contra la ficción de fantasía y especulativa.

      No sabía que Iker hubiera hecho un programa del tema, aunque no me extraña. A ver si lo encuentro y lo veo.

      Escribir un creepypasta es tan difícil como hacer un relato de terror, en fin último la mayor diferencia es el medio (Internet vs libro). Haría un concurso encantado pero no soy una editorial… como no fuera por el puro placer de escribir.

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    1. Me pillas en la más completa oscuridad. Lo más parecido que he leído a una versión sórdida de Blancanieves fue la versión de Neil Gaiman. Es un relato corto llamado “Nieve, Cristal, Manzanas”, te lo recomiendo.

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    1. Sí, la conozco. Este no va a ser el último artículo sobre creepypastas del blog así que quizá le haga mención más adelante. Como tú bien dices tiene sus altos y bajos, quizá porque están hechos por autores diferentes y es de esperar que algunos sean mejores escritores que otros.

      Personalmente, aunque me gusta el concepto encuentro esa saga un tanto repetitiva. Sé que es intencionado pero que todas las historias tengan una estructura formulaíca termina por hacerse pesado con rapidez.

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    1. Ya ves, está genial 🙂 . Estoy muy agradecido a la licencia de atribución Creative Commons que me permite colocar dibujos de otros en los artículos. Si tuviera que dibujar también yo, con suerte haría dos artículos al año, ja, ja.

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