La oscuridad te llama (VII)

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¿Qué podía hacer ella frente a un monstruo como ese? Si regresaba al piso, lo único que conseguiría sería compartir el destino de Tanya. Habría sido un sacrificio sin sentido, no era cobardía sino sentido común.
Lotte corrió hasta que le dolieron los pies y luego caminó un poco más en busca de una cabina de teléfono. En la era de los móviles, las cabinas eran reliquias del pasado. Cada vez había menos y las que se resistían a desaparecer no siempre funcionaban. Lotte no tenía dinero encima pues había salido del piso a toda velocidad en su pijama. Por suerte, las llamadas a los servicios de urgencia eran gratuitas. Sólo necesitaba hacer esa única llamada.
Tras mucho deambular por calles casi desiertas, encontró una cabina. Parecía tener línea.
La vida tiene que dejar de cagársele encima a una en algún momento.
Lotte pulsó la tecla 9, luego el 1 y se detuvo antes de pulsar el 1 por segunda vez. ¿Qué iba a contarle a la policía? La verdad implicaba loqueros, mucha medicación y quizá hasta una camisa de fuerza; la verdad no servía. Se tomó un tiempo para inspirar y respirar profundamente hasta que una historia creíble (o que al menos ella esperaba que fuera creíble) se formó en su mente.
Allá vamos.
—911, ¿Cuál es la emergencia? —era una mujer, eso la tranquilizó un poco.
—El, uh, novio de mi compañera de piso nos… ¡nos ha atacado! Por favor dense prisa, estoy muy asustada.
—¿Está usted herida?
—N-no, yo… sí, tengo un corte en el brazo pero no es nada. Me preocupa mi amiga, creo que ese tío va a matarla, estoy llamando desde una cabina. Entré en pánico cuando… cuando él se armó con un cuchillo y me rajó. Salí de allí y corrí hasta dar con una cabina en la calle.
—¿Salió de allí? ¿Dónde ha tenido lugar la agresión?
—En… en nuestro piso compartido. Yo estaba dormida, uh, cuando Tanya, mi compañera de piso, llegó con su novio. Venían discutiendo y me despertaron.
»Fui a ver qué pasaba. El novio de mi amiga parecía muy enfadado. No… no le gustó que tratase de intervenir en su pelea. Me rajó con un cuchillo e-en el brazo como le he dicho. Me asusté bastante y… y salí a la calle. Estoy en la calle, en pijama. Corriendo hasta esta cabina he perdido las zapatillas de dormir. Estoy en una cabina en mitad de la noche, en pijama y descalza. Por favor, envíen ayuda.
—Esta bien, señorita. Dígame la dirección del piso.
Lotte se la dijo. La operadora también quiso saber dónde estaba ella y Lotte tuvo que reconocer que no estaba segura pero la mujer le dijo que no se preocupara y que se quedase en la cabina, localizarían la llamada y un agente vendría a recogerla.
La espera se le hizo eterna. Parte de ella temía que aquella criatura la siguiese hasta allí pero cuando al fin llegó alguien fue un policía en coche patrulla, tal y como prometió la operadora. El policía era un hombre canoso y ancho de hombros, le habló con bastante amabilidad y le dió una manta para que se abrigase. Le dijo que en comisaría podría cambiarse de ropa y que tendría que prestar declaración. Dijo más cosas pero Lotte sólo las oyó a medias, estaba demasiado concentrada en no vomitar y no salirse de la historia que había elaborado.

En comisaría le tomaron declaración. Lotte procuró no adornar su historia demasiado, sólo dar los detalles necesarios para que se sostuviera. Lotte describió al imaginario novio violento de modo que bien podría haber sido un joven blanco cualquiera, entre dieciocho y veintitantos. Los policías la escucharon atentamente y parecieron conformes con sus palabras.
Y el Óscar a la mejor actriz va para… ¡Charlotte Hunter!
El agente que estaba junto al policía que estaba rellenando el informe le informó que en el piso no habían hallado nadie. Sí que habían encontrado signos de violencia (la puerta del baño, rota). De Tanya no había ni rastro excepto por un tacón despegado y un trozo de tela rasgada del vestido que llevaba.
Estaba tan mentalizada en el guión que tenía en su cabeza que a Lotte le pilló desprevenida la pregunta obvia que revelaba lo jodida que estaba en realidad.
—¿Tienes alguien con quien quedarte?
Lotte admitió al agente que no. Era una huérfana sin amigos de verdad. El peso de aquella verdad la hundió, los ojos le escocían pero se obligó a ser fuerte.
El agente asintió con un atisbo de compasión en su mirada.
Le dieron una sudadera, un pantalón de chandal y unas zapatillas deportivas y permitieron que se cambiase. La sudadera y el pantalón le estaban un poco grandes pero era mejor que ir en pijama. Las zapatillas no tenían cordones, Lotte le preguntó el porqué a una mujer policía y le confió que era para evitar suicidios.
Lotte pasó la noche en una celda desocupada, trató de dormir un poco pero fue en vano. No podía dejar de pensar en que esto era su vida ahora. Monstruos que podían seguir tu rastro desde los sueños, ¡una locura!
Aquella criatura la había señalado como alguien especial. Capaz de comunicarse con una tal «Rylee», o algo así había dicho. ¿Qué demonios significaba eso? Había querido capturarla por ese motivo, así que debía ser algo importante para ese monstruo; más allá de eso no tenía ni idea. Qué haría con Tanya no quería imaginárselo.
Por la mañana los policías la invitaron a un desayuno.
Nunca había pensado que una comisaría pudiera llegar a ser algo así como un hotel gratis.
Los policías le dijeron que no se fuera demasiado lejos en los próximos días a lo que Lotte respondió que era improbable por una sencilla cuestión de dinero. Una agente muy amable (aunque no la misma que le contó lo de los cordones) le dijo que tuviera cuidado y le dio unos folletos sobre entrenamientos de defensa personal.
Al salir de la comisaría, Lotte sintió desasosiego por todo lo que había cambiado su vida en unos pocos días.
He amanecido con ropa extraña y mi piso es el escenario de un crimen.
Una chica normal acudiría a sus padres buscando protección, por desgracia ella no tenía ese lujo. Todo apestaba y no parecía que fuera a dejar de hacerlo pronto.

En apenas una semana se hizo evidente que tenía que dejar su trabajo en la cafetería Melusine, cada vez que un cliente corpulento pedía un café se sobresaltaba. La criatura sabía dónde trabaja, era un pensamiento inquietante. A eso había que añadirle que con su nueva vivienda los trayectos hacia la cafetería se habían vuelto más inconvenientes. Su jefe, bastante majo, se ofreció a redactarle una carta de recomendación.
Al final terminó encontrado trabajo como cajera en un Wailmart. Era agotador (aunque no peor que ser camarera) pero era un lugar bastante bullicioso, eso le dio seguridad y, fuera infundada o no, fue un cambio bienvenido.
Sin embargo, los sueños perturbadores se resistían a abandonarla. Valerie parecía haber desaparecido de esos pasajes oníricos y en su lugar tenía el sueño recurrente de una chica de rasgos asiáticos que se sumergía en el mar para no volver a salir.
En Internet si una busca lo suficiente puede encontrar cualquier cosa. Lotte se decidió a investigar si había más gente en L.A. con vivencias paranormales como la suya. Tras varios días infructuosos, Lotte encontró un foro que llamó su atención: «Ab.Ex.» (acrónimo de Abnormal Experiencies).
Había hilos de muchas ciudades de los EEUU, y L.A. se encontraba entre ellas. A medida que leía los extraños testimonios de algunos usuarios, Lotte dejó de sentirse sola. Algunos posts sonaban a patrañas, por supuesto, pero otros le resultaban bastante familiares. Ahí afuera había gente como ella.
Al parecer estos tíos organizaban quedadas en el centro de vez en cuando.
Interesante. Creo que iré a la siguiente.
Lotte se registró como «LostGirl» y comenzó a teclear un mensaje. Decidió reservarse lo más personal, escribió sobre la polilla susurrante y como aquella chica que había visto antes de subir al bus había acabado suicidándose en un centro comercial y luego añadió lo de su sueño con la chica asiática. ¿Quizá sus sueños le advertían de otra joven que se iba a suicidar para que ella lo impidiera esta vez?
Lotte se frotó los ojos y reprimió un bostezo, era tarde. Había dedicado demasiado tiempo a su búsqueda de lo paranormal por la Red. Le iba como el culo en sus estudios pero su trabajo como cajera sí que lo necesitaba, más le valía tratar de dormir un poco.

A la tarde del día siguiente, Lotte tenía un mensaje privado en el foro Ab. Ex.

Subject: Bizarre dream
From: Red_Lily
Date: 01/13/2017, 12:24 p.m.

Lotte movida por la curiosidad hizo clic en el mensaje y leyó:

¡Hola, LostGirl!
¿Qué tal? Tu post me ha resultado escalofriante. Veras, llevo algo menos de una semana en L.A. y casi desde que puse el pie aquí tengo la misma pesadilla cada noche. Me veo sumergiéndome en un oceáno, trato de subir a la superficie pero algo me lo impide. Cuando la oscuridad me envuelve y noto que me ahogo acabo despertándome. ¡Es muy angustioso!
Ese mal sueño es tan frecuente y se siente tan real que no me atrevo a pisar la playa. (:0
El caso es que, aunque vivo en América desde muy pequeña, ¡mis padres son de Hong Kong! Pensar que de algun modo nuestros sueños puedan estar relacionados y tú me hayas visto a mí me ha puesto la piel de gallina. ¡Es mucha coincidencia!
Si tienes tiempo, me gustaría que quedásemos pronto a tomar un café (invito yo ;-D ) para que me lo cuentes todo.
Por favor, es muy importante para mí.

Vaya, ¿será posible? ¿Y si de verdad puedo impedir que le ocurra una desgracia a esta chica?
En efecto, era mucha coincidencia y Lotte ya sabía que sus sueños no eran como los de los demás. Tenían algún tipo de poder. Por otro lado, esta chica —si era quién decía ser— podía haberse inventado todo eso después de haber leído su mensaje. Quizá debería esperar a la quedada grupal e ignorar este mensaje… ¿pero y si se repetía lo mismo que lo de la chica que vio en la parada del bus?

¿Qué hará Lotte ahora? (Votación finalizada)

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2 comentarios en “La oscuridad te llama (VII)

    1. Cierto, me dijiste en otra entrada que la historia te recordaba al Mothman. Si bien uso muchas referencias deliberadas, lo del Mothman ha sido accidental. Hice de ese antagonista una polilla porque las polillas (y las mariposas) se asocian popularmente a la muerte. Bueno, vale, también es por un boss del Silent Hill. 🙂

      Puede que tu predicción del final no esté muy desencaminada, ¿eh? Ya veremos. 😉

      ¡Gracias por el halago, Aureliano, y aún más por leerme!

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