Cómo escribir un relato de terror

En todo el tiempo que llevo escribiendo ficción he aprendido algunas cosas. El serial de terror interactivo La oscuridad te llama ha sido especialmente instructivo en ese sentido. En esta entrada, adictos al escalofrío, quiero hablaros sobre cómo escribir un relato de terror. E incluso aunque no tengáis la escritura entre vuestras aficiones creo que puede resultaros interesante leer sobre la anatomía de un relato de género.

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Laptop auf dem Schoß fotografía de Heinrich Böll Stiftung bajo licencia Creative Commons 2.0

Quiero confesar algo y es que el primer relato corto de terror que subí al blog era malo. Muy malo. Tan malo que parte de mí prefería hacer como que no existía e incluso llegué a plantearme el borrarlo y dejar «Souvenir» como la primera entrada en relatos cortos. ¡Sin prueba no hay delito!

Sin embargo, por algún oscuro motivo, no lo borré. Continuó teniendo su lugar en Sangre de bote, avergonzándome. Muchos meses más tarde se me ocurrió una cosa: reescribirlo. Y eso hice.
La ventaja de la entrada de un blog frente a un texto publicado bajo un sello editorial es que la primera es supceptible de ser editada siempre.
Al fin era libre, pero en lugar de deshacerme de aquella basura literaria se me ocurrió usarla para esta entrada. ¿Qué mejor manera de enseñar cómo escribir un relato de terror que diseccionando uno malo? Adictos al escalofrío, os presento al engendro original en cuestión:

El tipo de la cojera examinó al niño y a la mujer.
—Parecen sanos —anunció.
—¿Alguna vez os he fallado? —preguntó la esclavista, impaciente.
El líder le dio una nevera roja de PVC.
—El pago acordado.
El crío se orinó encima al ver una cabeza ensartada en la empalizada, apretó con más fuerza la pierna de su madre.
La esclavista sintió un pinchazo en el pecho, no era su primera caza. Los remordimientos se antojaban absurdos a estas alturas. Aún así, antes del caos y la locura, antes de la guerra, ella también había tenido un hijo; una vida. ¿Merecía la pena desechar su humanidad por esto? Entonces revisó el interior de la nevera y supo la respuesta.
—Conforme —dijo.

Más tarde en la comodidad de su refugio, la esclavista se dispuso a disfrutar de su premio. Gracias por donar sangre, rezaba un lema ya borroso en la nevera. Un bocadito la transportó de inmediato al paraíso. Por un instante, los horrores de afuera cesaron de existir.
Los diamantes no eran los mejores amigos de la mujer, en este nuevo mundo eran piedras inútiles.
«El mejor amigo de la mujer es el chocolate», pensó la esclavista mientras las avellanas y la crema de cacao se deshacían en su paladar.

Este relato tiene problemas muy gordos, así que no es de extrañar que al día siguiente de subirlo a Sangre de bote un lector hiciera una versión superior del mismo en su propio blog. Y aún así, las mejoras eran sólo cosméticas: descripciones más detallas (el texto original es bastante parco) y había algo más de monólogo interior de la protagonista, un poco más de conflicto moral. Mejoras insuficientes para salvar a «Dulce» de la quema. Ese relato tiene dos GRANDES problemas de base.

¿Y cuáles son esos dos problemas?

El primero y más importante es que no hay cambio emocional. En toda historia debe haber al menos un cambio emocional. Y no hablo de emociones concretas. ¡Qué va!

insideout
No, no hablo de las simpáticas emociones de Inside Out (2015).

Hablo sencillamente de emoción positiva y negativa, en las que, sí, se recogen emociones específicas.

Como el género que nos ocupa es el terror, el cambio de emociones en ese relato será normalmente de positivo a negativo. Puede ser un único movimiento simple o una cadena de emociones más larga.

Ejemplo: Daniel hereda una mansión de un tío abuelo que no conocía (positivo), una vez se muda allí descubre que la mansión está embrujada por el espectro de su tío abuelo y, como eso de estar muerto no mola, el espíritu decide poseer el cuerpo de Daniel para volver a sentirse vivo (negativo).

Positivo > Negativo (concluyendo en clásico final malo de historia de terror)

Para el siguiente ejemplo, más complejo, usaré el esquema del relato corto de terror No tengo boca y debo gritar (un relato que todo aficionado al género debería leer) de Harlan Ellison que ganó un premio Hugo en 1968:

Una supercomputadora ha destruido a toda la humanidad excepto a cinco hombres y una mujer, a los que ha decidido mantener vivos para divertirse torturándolos (negativo), uno de los supervivientes está convencido de que hay comida enlatada en algún lugar del complejo (positivo*), el personaje narrador pierde el conocimiento y tiene horribles alucinaciones (negativo), el grupo de supervivientes encuentra la comida enlatada (positivo)sólo para darse cuenta de que no tienen ningún modo de abrir las latas, uno de los supervivientes, frustrado y enfurecido, ataca a un compañero (negativo) el personaje narrador descubre que la única salida a los crueles juegos de la supercomputadora es que se maten entre ellos (positivo*). Casi todos los supervivientes han logrado matarse entre ellos con éxito pero la supercomputadora detiene al narrador antes de que pueda suicidarse… y hace que jamás vuelva a tener tal oportunidad dándole una forma grotesca (negativo).

Negativo > Positivo* > Negativo > Positivo > Negativo > Positivo* > Negativo (concluyendo en un final bastante cruel incluso para el género del terror).

He marcado con asterisco dos de las emociones positivas para recalcar que una emoción narrativa no tiene por qué ser pura. La primera emoción positiva es vista con suspicacia por el resto de personajes ya que la supercomputadora les ha engañado en el pasado. Mientras que la tercera emoción positiva es descubrir una forma de suicidarse con éxito. Algo que sólo es positivo por lo desesperado de la situación de los personajes.

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Ahora volvamos a la forma original de mi relato «Dulce»:

Una esclavista que ya ha traído niños capturados a un asentamiento en el pasado («¿Alguna vez os he fallado?»)  le trae a un grupo de gente depravada su última adquisición.
Después de ser pagada con suministros por su prisionero y cuestionarse (brevemente) su moralidad, la esclavista va a su refugio a disfrutar de parte de su botín.

Se podría decir que el esquema es tal que así: Negativo > Positivo* (la protagonista percibe esa emoción como algo positivo pero no así el lector).

Ese esquema evidencia lo flojo que resultaba el relato original «Dulce». Si la protagonista ya ha hecho más de esos nefarios negocios en el pasado, ese pinchazo de conciencia en la historia resulta artificial. Lo que lleva al segundo gran problema de «Dulce»: no hay conflicto.

Un personaje hace algo horrible y recibe un premio por ello. Ese premio no le cuesta nada (el relato comienza cuando la cruel transacción se está finalizando) y para dar cierre al relato la protagonista se confirma como irredimible. ¡Menudo rollo!

En la reescritura de «Dulce», en cambio, la protagonista no comienza siendo una esclavista sino que es una superviviente más y su erosión moral es más gradual y se debe a la dureza del escenario: un mundo post-apocaliptíco tras una guerra sin definir. No sólo la atmósfera está mejor construida sino que además sirve para definir a la protagonista.
Protagonista que ya no entrega a una madre y su hijo, sin relación alguna con ella, sino que entrega a su propio hijo adoptivo a hombres crueles. Ese es un verdadero sacrificio de la humanidad de la protagonista, ha entregado algo valioso para ella.

El mundo se ha convertido en una tierra baldía tras una guerra (negativo), una mujer se encariña con un niño a pesar de sí misma y lo adopta (positivo), a la mujer y al niño se les están agotando las provisiones (negativo), llegan a un asentamiento (positivo). Desesperada, la mujer entrega al niño a cambio de provisiones y algunos artículos de lujo (negativo). Eventualmente, la protagonista decide que puede vivir consigo misma (positivo*).

(*)Los falsos finales felices resultan tan apropiados para las historias de terror como los finales malos. Los protagonistas triunfan pero a un alto precio.

Resumiendo, para escribir un buen relato de terror (o de cualquier otro género ya puestos) necesitamos:

  1. Un personaje con un objetivo: el protagonista quiere «algo».
  2. Un conflicto real: ese «algo» debe costarle un esfuerzo considerable al protagonista.
  3. Montaña rusa de las emociones: la travesía en la que al final el protagonista consigue ese «algo» (o no) tiene altibajos (emociones positivas y negativas).

Como os veo venir con la inevitable pregunta sobre lo de alternar emociones: no, no creo que sea necesario encadenar perfectamente las emociones negativas con las positivas. Simplemente, procurad que ninguna supere demasiado a la otra en la mezcla (el relato).

Si la pieza narrativa es muy breve, como es el caso de un microrrelato, entonces todo lo anterior no se aplica, claro, y a lo más que se puede aspirar es a evocar algo más abstracto.

Espero que os haya resultado interesante la entrada, adictos al escalofrío, es cierto que ya hay muchos artículos con consejos de escritura flotando en Internet pero, a mi juicio, sus autores apenas se mojan. Son artículos asépticos, escritos desde la distancia.
Y ya con esto me despido: ¡hasta la próxima entrada de Sangre de bote!

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7 comentarios en “Cómo escribir un relato de terror

  1. Seiduna

    Me ha interesado mucho, en fin, todo lo que escribas sobre técnicas de escritura es un dulce para mí jeje. Lo malo es que me he saltado el argumento del cuento de otro autor que utilizas, por el tema de que justamente debería haberlo leído antes 😦 fallo grave para mí.

    Aunque estoy de acuerdo con todo lo que apuntas como técnica, y me lo apunto a su vez, creo que lo que más le pondría a Dulce es un aumento justamente del ambiente en el texto, pero no necesariamente cambiar la historia. Claro, que yo lo veo desde la óptica de presentar una historia interesante que haga reflexionar, comprendo que sin ese cambio de emociones ya no es terror, que es el campo que te mola específicamente 😛

    De hecho, esto me ha dado un par de reflexiones: ¿se podría decir entonces que el terror se basa más en la el pesimismo (fragilidad de nuestros principios, de nuestra vida..) que en el simple miedo en sí? Si tenemos en cuenta que muchísimas obras que dicen ser de terror no tienen en cuenta esto, quizás de ahí tengamos el fracaso del género… y ahí empiezo a captar por qué me han gustado las obras de terror que sí lo han hecho. Espero poder aplicarlo bien en una idea de historia de miedo que algún puñetero día haré.

    P.D.: perdón por el tocho y gracias 😛

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    1. El terror es quizá uno de los géneros más controvertidos de definir. A menudo pienso que el terror como género está injustamente encorsetado a una definición demasiado limitada. No ayuda que haya bastante prejuicios por parte de la crítica hacia el terror, hasta tal punto que hay obras que se ponen otras etiquetas para que no las vapuleen. Por ejemplo, decir “thriller psicológico” cuando la obra es claramente terror (psicológico).

      El ambiente de “Dulce” creo que se deduce de algunos adjetivos y conceptos diseminados aquí y allá, no hace falta describir explicitamente el escenario. De este modo el lector utiliza más su imaginación, se da la información justa y necesaria para que se aten cabos. Una novela quizá se podría permitir el lujo de ser más descriptiva, pero también depende del estilo del autor. Dentro de mi subjetividad, pienso como Hemingway: hay que intentar cortar todo lo superfluo.

      Ya me dirás que te parece el relato No tengo boca y debo gritar cuando lo leas.

      Gracias por comentar. 😉

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    1. ¿Sí? Uno de mis temores era que fuera demasiado denso, muchas gracias. La verdad es que llevaba tiempo queriendo reescribir ese relato y al final hice la reescritura y el ensayo de la reescritura. Ja, ja. Gracias por comentar.

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  2. Pues permíteme discrepar, ya que personalmente me gusta más la primera versión! Olvidándonos de todas las normas formales que enumeras, encuentro que esa primera versión impacta más que la segunda por su concisión y sobriedad. Es un relato seco que sugiere mucho y nos obliga a completar su trasfondo con la imaginación, cosa que queda un poco más coartada en su segunda versión. Es complicado comprimir en un relato tan breve una historia que transmita, y en mi opinión este lo consigue.
    Ojo, también puede ser que mi criterio esté un poco perjudicado, pero es mío y le tengo aprecio. XD

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    1. Bueno, el relato antiguo está más contenido que el nuevo eso es cierto. El gusto literario es subjetivo así que cualquier cosa que se diga sobre la escritura salvo lo más elemental (i.e.: ortografía, continuidad…) también está abierta a debate. Por ejemplo, se suele decir que a la hora de escribir hay que eliminar lo superfluo y sin embargo escritores como Tolkien que tiran más hacia las descripciones barrocas siguen gustando en la actualidad.
      Lo más que puedo hacer es dar consejos sobre lo que a mí me funciona y lo que a mi juicio es mejor, justificando por qué pienso eso; ya el lector que se forme su propia opinión. 🙂

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