La oscuridad te llama (VIII)

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Por más vueltas que le daba al asunto, Lotte no encontraba un buen motivo para ignorar el mensaje de Red_Lily. Estaba buscando respuestas y en la pantalla de su portátil aparecía lo que podía ser una gran pieza del rompecabezas: una chica que compartía sus extraños sueños.
Una parte de ella, su lado más cauto, temía una trampa; no podía descartar que no lo fuera. Era demasiado conveniente. Por otro lado, quizá estuviera siendo demasiado paranoica. No se imaginaba a ese monstruo con rasgos de pez y sapo usando un ordenador y anticipando que entraría justo en ese foro de Internet. De todas formas, quedaría con Red_Lily en un lugar público y lo bastante alejado de su nuevo piso. Eso era de sentido común.
También cabía la posibilidad más simple de que fuera alguien tomándole el pelo, en ese caso más le valía al bromista no aparecer o intercambiarían algo más que palabras.
Se decidió por fin a escribirle un mensaje a Red_Lily diciéndole si le venía bien quedar el día que libraba en el trabajo. Repasó el mensaje un par de veces e hizo clic en el botón que ponía «Reply».
Por el momento, Lotte tenía suficiente con sus preocupaciones mundanas. Debía suplicarle a un profesor que retrasase la fecha de entrega de un trabajo del que no había escrito siquiera la primera palabra. A los profesores solía enternecerles su condición de pobre chica huérfana, así que eso no debía ser un problema.
Su nuevo empleo en el Wailmart era un asunto más complicado, pronto descubriría que más que cajera era una chica para todo. Aquella tarde algún cliente manazas había roto un espejo en Hogar y Jardín, fuera quien fuese había sido lo bastante astuto como para quitarse de en medio. Cuando Lotte fue a recoger el estropicio, encontró una muñeca de trapo entre los cristales rotos. La muñeca, de aspecto anticuado, tenía algunos remiendos hechos con esmero; debía ser la adorada compañera de juegos de alguna niña. Resultaba raro que hubiera sido abandonada. Claro que, pensándolo bien, los niños pequeños son un torbellino, ¿habría sido la dueña de la muñeca la que rompió ese cristal? De ser así podría haberse hecho bastante daño.
A Lotte le habían dicho que la política de la empresa era no responsabilizarse de los objetos perdidos, la tiraría al contenedor junto a los fragmentos de cristal. Un problema menos. Aún con todo, conforme más miraba la muñeca más le invadía una sensación de nostalgia. ¿No había tenido una idéntica en la residencia cuando ella misma era una niña? Ya era mayorcita para muñecas pero estuvo tentada de llevársela a casa. Lo consideró unos instantes antes de rechazar la idea y arrojarla a la basura junto a los restos del espejo.

creepy_old_ragdoll
Creepy Old Ragdoll, fotografía de Franco Folini bajo licencia Creative Commons 2.0

Cuando llegó a casa, un mensaje privado la estaba esperando en la bandeja de entrada de su cuenta de usuario en Ab. Ex.:

Subject: Re: Bizarre dream
From: Red_Lily
Genial. Dime la hora y el lugar que te vengan bien. Estoy impaciente por conocerte. Hasta pronto, LostGirl. : )

Lotte escribió una respuesta, detallando hora y lugar. Ella misma estaba impaciente por el encuentro. Se hizo una sopa instantánea e hizo algo de zapping en la tele para distraer la mente, sin mucho resultado. Lotte no estaba segura sobre el tipo de ayuda que podría prestar a Red_Lily, era tan injusto ser capaz de ver a los monstruos y tener esos sueños horribles siendo por lo demás una chica normal. Era como tener las obligaciones de una superheroína sin la parte super.
Y pese a todo estaba intrigada.
Si estos sueños son de verdad premonitorios, ¿puedo cambiar el futuro, salvar una vida?
No estaba haciendo caso a la tele, así que la apagó y fue al dormitorio. Allí se dejó caer sobre la cama, no se había desvestido siquiera pero los párpados le pesaban mucho. La cama se hundía bajo su peso, un frío intenso la atenazaba. Estaba flotando en el vacío. No, no flotando sino cayendo despacio. Abrió la boca para decir algo y no pudo. No fueron palabras lo que salió de su boca, fueron burbujas.
Siguió la dirección de las burbujas con la esperanza de que le condujesen a la superficie cuando chocó con un cuerpo femenino desnudo e hinchado de forma antinatural. El cadáver abrió sus ojos desprovistos de vida. De su boca salía una lengua negra. Unos dedos blancuzcos y gordos como larvas le agarraron del cuello de la camisa. Lotte trató de zafarse pero sólo consiguió acercarse más a la muerta hasta que sus narices se tocaron. La abultada lengua del cadáver se introdujo forzosamente en su boca, obstruyéndosela casi por completo. Demasiado asustada para sentir repugnancia, Lotte empujó al cadáver para liberarse. Los ojos vidriosos de la muerta se perdieron en la oscuridad oceánica. Al fin libre, Lotte trató de impulsarse a la superficie pero sus pulmones estaban llenos de agua. ¡Se estaba ahogando!
Lotte despertó con un poco elegante charco de saliva en la almohada, fue a lavarse la cara al baño. Despeinada y con los ojos enrojecidos, tenía un aspecto horrible.
Las pesadillas son cada vez peores. Es como si alguien —o algo— con acceso directo a mi cerebro se burlase de mí.
«No te molestes», parecía decir, «no supondrás ninguna diferencia».
Eso ya lo veremos.

*

Lotte miró una vez más el reloj, trató de convencerse de que simplemente Red_Lily se estaba demorando un poco. Mientras tanto una espantosa duda bullía en su interior.
Es demasiado tarde. Está tan muerta en la vida real como en el sueño.
Lotte se mordió la uña del pulgar y dio una pequeña vuelta por la cafetería donde habían quedado.
—Hum… hola, ¿eres LostGirl?
Lotte se giró y vio a una joven asiática con gafas y que debía rondar su edad. Tenía la cara ovalada, ojos marrones, nariz chata y ancha y su pelo negro le caía por los hombros. Disimulaba una frente amplia con un flequillo de lado.
Aunque era la primera vez que la veía en carne y hueso, Lotte estaba segura que era la chica que había visto en su sueño recurrente. Unos segundos antes no habría sabido describir con exactitud a la joven (de haber tenido que guiarse sólo con sus pasajes oníricos),  pero ahora que la tenía delante, sabía que era ella. Sin importar lo inusual que fuera tener esa familiaridad con una extraña, déjà vu lo llamaban los franceses. Lotte no podía negarlo, se le había erizado el vello de los brazos y de la nuca, era ella.
—Sí, eh, ¡hola! Pero llámame Lotte, los nicks suenan un poco tontos en la calle, ¿no?
—Sí, ahora que lo dices… tienes razón, sí. Soy Zoe, encantada.
Lotte estrechó la mano que le ofrecía Zoe e hizo ademán de entrar, Zoe la siguió.
—Entonces, ¿eres de L.A., Lotte?
—Sí, de toda la vida. Los Ángeles es un infierno pero, ey, es nuestro infierno.
—No creo que sea tan malo, hay sitios bonitos…
Lotte se encogió de hombros.
—Tiene sus encantos, no digo que no, pero dale tiempo (cambiarás de opinión). Y tú eras de Hong Kong, ¿correcto?
—Bueno, mis padres son Hongkoneses. Aunque emigraron a Nueva York cuando aún era una niña.
—Ah, «la ciudad que nunca duerme», guay.
Lotte quedó satisfecha con una mesa que consideró lo bastante apartada para poder conversar en privado.
—Dime, Lotte —el tono de Zoe era conspirador—, ¿cómo encontraste, ya sabes, el foro?
Lotte volvió a encogerse de hombros.
—¿Cómo encuentra cualquiera algo en Internet? Escarbando entre información inútil, los chistes sin gracia, las fotos de gatitos… y el porno, claro.
Lotte vio que Zoe se sonrojaba. ¿Habría sido por decir «porno»? Le costaba creer que una chica que sería de su edad, o algo mayor, fuera tan inocente.
—Era una pregunta tonta —admitió Zoe.
Lotte se decidió a romper la incomodidad del momento.
Nah, sabes, antes de dar con Ab. Ex. encontré un foro super raro sobre gente obsesionada con (no lo creerás)… ¡ascensores!
—Ascensores, ¿en serio? ¿Qué tienen de especial?
—¡Nada! Pero esa gente tenía como un diario de los ascensores que usaban. Anotaban todo tipo de detalles como color, capacidad, la empresa que los fabricó, ¡todo! Ja, ja.
Zoe sonrió, sus dientes eran grandes y blancos. Perfectos. Lotte sintió un pinchazo de envidia, los suyos tenían un esmalte más bien amarillo pálido.
—¡Qué cosa más rara!
—Hay gente para todo —convino Lotte.
Una camarera llegó y les tomó la comanda. Cuando se fue, Zoe se puso muy seria:
—¿Era cierto eso que escribiste en el foro? ¿Viste un insecto susurrándole cosas al oído a aquella chica, la misma que luego se suicidó en el centro comercial?

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2 comentarios en “La oscuridad te llama (VIII)

    1. No, claro que no acaba aquí. Aún quedan muchos misterios sin revelar. 🙂
      No hay encuesta porque la que se me ocurría era muy floja, sinceramente. Pensé en escribir hasta el punto en que sí que podría haber una decisión más importante pero quedaba muy atropellado. A partir de ahora creo que habrá algunos capítulos sin encuesta (espero que esto no resulte decepcionante).
      ¡No te fias de nadie! Al final Lotte acabará con un puñado de gatos. Ja, ja. Con Zoe ya veremos qué es lo que pasa…

      Le gusta a 1 persona

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