La oscuridad te llama (VIII)

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Por más vueltas que le daba al asunto, Lotte no encontraba un buen motivo para ignorar el mensaje de Red_Lily. Estaba buscando respuestas y en la pantalla de su portátil aparecía lo que podía ser una gran pieza del rompecabezas: una chica que compartía sus extraños sueños.
Una parte de ella, su lado más cauto, temía una trampa; no podía descartar que no lo fuera. Era demasiado conveniente. Por otro lado, quizá estuviera siendo demasiado paranoica. No se imaginaba a ese monstruo con rasgos de pez y sapo usando un ordenador y anticipando que entraría justo en ese foro de Internet. De todas formas, quedaría con Red_Lily en un lugar público y lo bastante alejado de su nuevo piso. Eso era de sentido común.
También cabía la posibilidad más simple de que fuera alguien tomándole el pelo, en ese caso más le valía al bromista no aparecer o intercambiarían algo más que palabras.
Se decidió por fin a escribirle un mensaje a Red_Lily diciéndole si le venía bien quedar el día que libraba en el trabajo. Repasó el mensaje un par de veces e hizo clic en el botón que ponía «Reply».
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La oscuridad te llama (VII)

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¿Qué podía hacer ella frente a un monstruo como ese? Si regresaba al piso, lo único que conseguiría sería compartir el destino de Tanya. Habría sido un sacrificio sin sentido, no era cobardía sino sentido común.
Lotte corrió hasta que le dolieron los pies y luego caminó un poco más en busca de una cabina de teléfono. En la era de los móviles, las cabinas eran reliquias del pasado. Cada vez había menos y las que se resistían a desaparecer no siempre funcionaban. Lotte no tenía dinero encima pues había salido del piso a toda velocidad en su pijama. Por suerte, las llamadas a los servicios de urgencia eran gratuitas. Sólo necesitaba hacer esa única llamada.
Tras mucho deambular por calles casi desiertas, encontró una cabina. Parecía tener línea.
La vida tiene que dejar de cagársele encima a una en algún momento.
Lotte pulsó la tecla 9, luego el 1 y se detuvo antes de pulsar el 1 por segunda vez. ¿Qué iba a contarle a la policía? La verdad implicaba loqueros, mucha medicación y quizá hasta una camisa de fuerza; la verdad no servía. Se tomó un tiempo para inspirar y respirar profundamente hasta que una historia creíble (o que al menos ella esperaba que fuera creíble) se formó en su mente.
Allá vamos.
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La oscuridad te llama (VI)

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No cabía duda alguna. Era su compañera de piso a quien había visto por la mirilla. Pero entonces, ¿qué hacía Tanya saliendo de su dormitorio?
Una de ellas no era su compañera de piso, ¿y qué era entonces? No podría decirlo. Pronto iba a averiguarlo para su pesar, eso seguro. La verdadera cuestión era si aquello que no era Tanya estaba detrás de la puerta o dentro del piso. Con ella.
«La Tanya real debe ser la que está conmigo», pensó Lotte, «si fuera uno de esos monstruos, ¿por qué no me ha sorbido el cerebro por los oídos mientras dormía?»
Sí, aquello tenía sentido.
¿Estaba segura de que su conjetura fuese correcta? No, por supuesto que no. ¿Cómo podía asegurarse?
¡Ya sé! Tengo que hacerle preguntas que sólo ella pudiera responder.

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La oscuridad te llama (V)

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Lotte se dejó reconfortar por la seguridad de que en un sueño nada podía hacerle daño, aunque con todas las cosas extrañas que le habían ocurrido estos dos últimos días empezaba a dudar incluso de eso. Dos hileras de puertas sin fin aparente se extendían ante ella en aquel oscuro pasillo, Lotte dio unos primeros pasos tentativos hacia delante que se convirtieron en zancadas. En algún punto de aquel corredor onírico había una niña y a Lotte le podía la curiosidad.
No todas las puertas estaban cerradas, algunas estaban entreabiertas, Lotte se asomó por una de ellas esperando encontrar algo absurdo como un paisaje prehistórico repleto de dinosaurios pero todo lo que encontró fue una sencilla habitación. Algo decepcionada, Lotte volvió a concentrarse en seguir buscando a aquella niña por el pasillo. Si tan sólo volviera a hablarle una vez más, Lotte sabría si se estaba acercando. Pero se había silenciado tras aquella promesa de amistad.

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La oscuridad te llama (IV)

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—¿Eh, tú, vas a quedarte ahí parada con la boca abierta o vas a subir? —preguntó el conductor del bus.
Lotte giró la cabeza una última vez, la chica delgada dobló una esquina y tanto ella como la polilla susurradora desaparecieron de su vista.
No es mi problema. Si el mundo se vuelve loco a mi alrededor, no tengo que ser yo la que lo solucione.
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La oscuridad te llama (III)

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Lotte decidió quedarse asomada a la ventana algún tiempo más, para asegurarse de que aquel tipo era normal. El hombre canoso abrió el maletín y sacó una tiza de su interior. Dibujó intrincadas formas geométricas sobre la acera durante un cuarto de hora. Cuando acabó su obra, alzó de nuevo la cabeza e hizo un gesto de despedida hacia la chica que lo observaba.
Lotte lo vio alejarse con su maletín. ¿Qué pretendía con esos garabatos? Se quedó vigilando un buen rato, por si aquel hombre regresaba, pero lo único que ocurrió fue que un par de gatos callejeros acudieron a la acera y maullaron a los garabatos de tiza como si aquello fuera lo más fascinante del mundo. Lotte dejó escapar un bostezo, este asunto de la ventana indiscreta le había costado casi dos horas de sueño y sabía perfectamente que esos garabatos de tiza le rondarían la cabeza hasta que consiguiera dormir. No tenía remedio.
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La oscuridad te llama (II)

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Lotte estaba congelada en el sitio. Su mente estaba gritando en el interior de su cabeza «Muévete, ¿a qué estás esperando? Márchate de aquí.» Su cuerpo, no obstante, se negaba a obedecer.
La criatura iba ganando velocidad, impulsada por su propio peso. El olor a agua salada, ahora mezclado con carne podrida, ganaba intensidad. Se imaginó a sí misma aplastada bajo su obesa figura, aquel pensamiento pareció devolver la vida a sus pies justo a tiempo para permitirle tratar de esquivar al monstruo. Lotte evitó el mayor impacto de la carga pero chocarse de refilón con el musculoso brazo de la criatura bastó para que se cayera al suelo de culo. El contenido de su bolso se esparció por la acera. El monstruo tuvo que hacer un esfuerzo por detenerse, la inercia lo había llevado unos cuatro metros en dirección opuesta a su presa.
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